viernes, 28 de octubre de 2011

Rayos de piedra y rosas 3


El alma grita, ¡no sé lo que pide!
Con una voz estática y morena,
con sus muelas nacientes y su arena,
con el llanto infernal que en sí reside.

Solloza pertinaz y le divide
tu centro y te reclama una centena
de noches y te grita, ya a sí ajena,
sin rumbo ni destino, a ti te pide.

Aferra con tu mano, que sin ella
mi mano es solo un hormiguero mudo
y el rayo es un dolor y una termita.

Sujétame a tu alma, que sin ella
mi espíritu es un triste horror zancudo
como garza sin tu amor que triste grita.

2 comentarios:

Rubén dijo...

¡Cuánto tiempo! Ya veo que Ya veo que Alberto ha crecido. ¡Felicidades por el blog!

Manu Cueva. dijo...

Es verdad muchas veces el alma grita sin saber que quiere.




Saludos.