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jueves, 14 de abril de 2011

Por qué soy republicano



Hoy es 14 de abril y como siempre se celebra el cumpleaños de la proclamación de la II República Española. O mejor dicho, la celebramos algunos, porque en plena democracia (en teoría) se celebra la constitución vigente y la del año 1812, pero no se celebra la proclamación de una constitución democrática como fue la de 1931. Cosas de las democracias a medias. Y pensando en esto de por qué no somos capaces de celebrar la república, creo que lo que pasa es que los españoles no tenemos ni zorra  idea de lo que es una república.

Si salen ustedes a preguntar a Francia, Alemania e incluso Inglaterra e Italia (donde tienen a los Windsor y a los Berlusconi respectivamenteprobablemente les cuenten que una república es un sistema de gobierno en que los ciudadanos eligen democráticamente a sus representantes y altos cargos políticos. La definición española, por el contrario, viene a ser algo así como "idea de rojos, masones y quemabanderas que quieren montar una dictadura comunista". Pues algo no cuadra aquí.

Aclaremos una cosa: aunque mucha gente que reclame la república es de izquierdas, la izquierda no es la república. Una república no es algo tan sencillo como no tener rey y votar un Jefe de Estado. Una república es el reflejo de una voluntad de los ciudadanos para vivir en común y participar en esos proyectos de vida en sociedad. Es decir, no es hacer políticas de izquierdas, es hacer políticas de todos. La república es desprofesionalizar la política, eliminar esas élites que se dedican solo a hacer política y tomar las riendas de la vida pública: que cualquiera que tenga un proyecto pueda representar a sus conciudadanos, que los ciudadanos reivindiquen a sus representantes lo que consideran necesario, que los representantes luchen por sus representados. La república es un Estado que avanza según lo hace la sociedad que la integra, en vez de arrojarse a las manos del azar de que un monarca nos salga rebotado o de que los partidos autoritarios se hagan con el poder. La república es un foro de discusión donde caben las izquierdas y las derechas, pero además caben las ideas y los proyectos útiles que no tienen que adscribirse a ningún ideario.

La república, al final, no es más que el reflejo del interés de una sociedad por tomar el control de la vida pública, de su vida. La república no se pide, la república se quiere, pero para eso en España tendríamos que aprender a no dejarnos mandar, a tener capacidad de análisis, a querer realmente solucionar los problemas en lugar de quejarnos amargamente de ellos. España no va con eso, pero seguiremos intentándolo. Por si acaso.

¡Salud y República!


martes, 28 de diciembre de 2010

En el país de los ciegos...



... el tuerto es el rey. Y en el Estado capitalista, el rey es el mercado. Por encima de la democracia, la representación, la voluntad y la libre expresión. Ya saben, "es la economía, estúpido." Es por este motivo que los ineptos gerentes de Prisa han tenido que dejar entrar al negocio a los americanos de Liberty Acquisition Holdings (que se dedican precisamente a eso, a adquirir cosas libremente sin que nadie les diga nada). Los americanos han entendido muy bien que para a sacar a flote la cosa es preciso quitarles el poder de decisión a esta panda de peligrosos rojos librepensadores y dárselo a los únicos que en este país de inútiles saben hacer dinero: Telemier... esto, Telecinco, o sea, Mediaset, o sea, feo asunto.

Una de las primeras consecuencias de esta bien calculada acción es el cese de emisión de CNN+. Para quien no lo sepa, CNN+ era, junto con el canal 24 horas de TVE, el único canal de emisión en abierto dedicado exclusivamente a la información en este iletrado país. En la producción de CNN+ participaba Time Warner, que en el país de los yanquis regenta el conocido canal de información de alineación progresista, CNN.

Con CNN+ perdemos el único canal que en este país se dedica no solo a la información, sino a su análisis exhaustivo y crítico y la participación (de verdad, no como en esas pseudotertulias que perpetra Jordi González en Telecinco) de distintos profesionales y gente interesante. Con CNN+ se van profesionales de la talla de Iñaki Gabilondo con su "Hoy" (ha calificado personalmente el fin de la cadena como el fin de su vida profesional), Antonio San José, José María Calleja, Victoria Lafora... Podría seguir, la cantidad de excelentes profesionales de esta cadena es casi infinita. Particularmente, echaré de menos la presencia regular del doctor Jesús Sánchez-Martos, con esa otra manera de entender y hacer entender la Medicina

El fin de CNN+ es una pérdida personal y social, pero es algo más. Es la demostración definitiva de que algo en nuestra sociedad no funciona. Algo nos falla, cuando no reivindicamos ni se sostiene un canal dedicado a algo tan fundamental en el siglo XXI como lo es la información, cada día más ingente e inabarcable. Algo está podrido cuando la única solución es la venta, o mejor dicho, cuando el único problema es la falta de beneficios (pero no lo es la de calidad, la de rigor o la de honestidad). Algo en nuestra manera de entender a los medios de comunicación cojea, si Telecinco manifiesta abiertamente y sin pudor que lo suyo es "entretener" y que no les interesa tener un canal de información (en todo caso, lo tendrán de pago). Me pregunto desde cuando la información y su análisis es cuestión de riesgo y beneficio, desde cuándo se empezaron a fichar periodistas de buen ver (o bien vistos) para que se vea más el Telediario, al margen de lo que se diga en él.

El pasado martes, viendo "Cara a cara" en CNN+, vi como Antonio San José iba despidiendo uno a uno a los tertulianos según acababan los debates. Cada vez que lo hacía, se contenía mientras le brillaban los ojos. Todos sonreían y remarcaban el excelente trabajo de sus compañeros y lo maravilloso (que lo ha sido) del proyecto que han sacado adelante. En el trasfondo, se palpaba la tristeza con la que comprendían la significación de todo esto. No nos quepa duda alguna de que el fin de CNN+ no es trágico o alarmante en sí, sino porque con él se sella el triunfo del capitalismo salvaje y la tiranía de los mercados (que por cierto, alimentamos sin ningún escrúpulo) sobre todos los ámbitos de nuestra vida. En aras de unas cuentas sanas, perdemos, silenciosamente, nuestro derecho a la información.

P.D.: Esta tarde a las 20.00 está convocada una concentración frente a la sede del Grupo Prisa en Madrid (Gran Vía, 32) en protesta por lo sucedido. Dejad los turrones un rato y animaros, qué os cuesta.


En la fotografía, "Kicking Television" de Daniel Horacio Agostini

lunes, 20 de diciembre de 2010

El día que hice huelga o el valor de la acción



Me acuerdo de aquel día como si hubiese sido ayer. Sé que yo tenía 16 años. No sé muy bien qué mes era, aunque por la ropa que llevábamos todos debía de ser el principio de la primavera, quizá un otoño tardío. Una huelga de profesores había ahuyentado a todos los alumnos del centro y unos pocos de mi clase, no más de seis, habíamos ido, mitad por conciencia (o mejor dicho, inconsciencia de qué coño iba la huelga) mitad por miedo (me pregunto ahora de qué), y estábamos allí, dejando pasar las horas muertas.

Entonces, no sé muy bien cuándo ni cómo, entró Pepe, el profesor de biología, nuestro tutor. Con sus eternos vaqueros azules y gastados, su camisa de cuadros de manga corta y su chaqueta de punto. Rubio de ojos azules, su imagen distaba mucho del sueco en que todos estáis pensando. Era más bien del tipo sueco estibador del puerto: grande, firme, con un largo pelo, barba rubia y una mirada que podía derretir un iceberg. El mensaje puesto en su voz era claro, y aunque las palabras exactas no puedo recordarlas, podrían haber sido algo así: "Podéis quedaros aquí y perder el tiempo, iros a vuestra casa y perder el tiempo o hacer algo de provecho en vez de perder el tiempo." Y la verdad es que no era una persona a la que a uno se le ocurriese discutir.

Pero no se equivoquen, los tiros no iban por ahí. Supongo que pensarán en que quería que nos pusiésemos a estudiar, a hacer deberes, a dar clase o alguna sargentada por el estilo. Nada de eso. Su concepto de no perder el tiempo era el más real y auténtico que he conocido. No perder el tiempo consistió en que levantásemos el culo de la silla y tomásemos las riendas del día. La huelga no tenía nada que ver con nosotros (en gran parte), así que nos sugirió tomar parte sobre lo que nos afectaba. Por aquella fecha hacía poco que un chico había sido asesinado en Villaverde (barrio que linda con el nuestro) por identificarse bajo esta o aquella bandera, de modo que nuestra huelga particular se centró en la violencia. 

Pasamos el día asaltando la sala de ordenadores del instituto (en el buen sentido) y sacando fotos de violencia, anarquismo (del malo), manifestaciones fascistas, brutalidad policial y otras lindezas. Lo normal que ocurre en un centro. La mañana se pasó intentando sortear a la profesora de Física (que prefería, naturalmente, que estuviésemos dando clase como dios manda o en nuestra casa sin dar el coñazo que dando vueltas por los pasillos) y a la jefa de estudios (que no creo que estuviese muy de acuerdo con eso de bajarse fotos de ultraviolencia desde los ordenadores del instituto), imprimiendo y recortando, pegando en cartulinas, rotulando carteles (literalmente, con rotuladores). Gastamos el día en exprimirnos las neuronas y pensar algo para que los demás pensaran (una meta tan loable como el juego de palabras).

Al final, dos o tres carteles colgaron del pasillo principal del instituto, con llamativos rótulos (a pesar de que se desestimó la brillante sugerencia de utilizar la palabra "sexo" en tipografía grande y roja como reclamo de las mentes adolescentes), impactantes fotos e incluso un panel donde escribir cada uno su opinión. Ni qué decir tiene que la mayoría de nuestros congéneres se dedicaron a escribir cosas tales como "Seh rubikooh lo parteh!!" o "Javi mariKon" y que nuestra febril cruzada antiviolencia, a efectos prácticos, se perdió en los anales de la Historia.

No obstante, eso no es lo importante de la historia. Lo fundamental es el hecho de que Pepe nos obligó a la fuerza (porque con cenutrios adolescentes a veces no hay más remedio) a movernos, a tomar parte en algo que aún no sabíamos bien qué era pero que nos afectaba profundamente: ni más ni menos que todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Solo tengo contacto ya con uno de los que participamos en aquella odisea de seis horas, pero estoy casi convencido de que a ninguno de nosotros se nos habrá pasado por alto aquello. Aprendimos que tomar partido, que pasar de la insulsa pasividad a la emocionante actividad lo es absolutamente todo en la vida. No importa quizá tanto el qué, sino el hecho de sentirte vivo, de sentir que estás fabricando tu propia vida.

Los más puristas o derrotistas me dirán que al final nuestra acción, como tantas otras, no tuvo efecto ni éxito alguno. Cómo puedo negarlo, si lo he reconocido hace unas líneas. Pero lo crucial no fue cuánto cambiamos o dejamos de cambiar el mundo, sino lo que la acción cambió dentro de nosotros.


En la foto, "Arms Actions" de Dominique nom de plume

jueves, 25 de noviembre de 2010

Un fantasma recorre Europa



El fantasma de la mala hostia, del hartazgo, del "hasta aquí hemos llegado". Hasta Karl Marx se daría de cabezazos ante los delirios financieros y económicos del Viejo Mundo (que debe de ser viejo desde que nació, lo cual explica muchas cosas...)

Londres - 10.00 a.m.
Matthew Longfield recorre las calles de Whitehall, en el corazón de Londres, al asalto de la oficina del Prime, David Cameron. Él y sus compañeros arremeten contra la barrera policial, intentando hacer entender a la cabeza pensante de los conservadores que no están dispuestos a pagar ni un penique más por sus ya infladas matrículas universitarias. "Cameron, don't fuck with me", declara. En Oxford, su hermana menor Valerie ocupa su propia facultad, que, según dice, para eso es suya. Suya y de sus compañeros. Ellos tampoco quieren más mangoneo y no ceden ni medio milímetro ante las descabelladas propuestas liberales. Con una Thatcher ya fue suficiente, gracias.

Atenas - 8.00 a.m.
La vieja Delia llega frustrada al muelle. Hoy no hay barcos. No podrá llegar hasta el continente, donde tenía pensado realizar unos trámites fiscales y de paso ir a recoger a su nieto, que vive en Atenas, al colegio. Andrés conducía el ferry. Ahora está junto con otros muchos compañeros paralizando el tráfico del Egeo, porque nadie les da el salario que necesitan. Más impuestos, pero menos dinero. Ser marino siempre ha sido una profesión dura, pero ser marino griego es ahora también una profesión de mierda. Sintiéndolo mucho, Delia tendrá que esperar. De todos modos, no iba a poder solucionar su problemilla con Hacienda o ver a su nieto en el patio del recreo, porque los funcionarios de Atenas hoy tampoco trabajan. Al fin y al cabo, nadie está dispuesto a trabajar de gratis.

Roma - 11.00 a.m.
Riccardo llama a su amigo Pierluca, se encuentran, y unos minutos después están junto con la mayoría de sus compañeros de clase asaltando el Palazzo Madama al grito de "Gelmini dimissione". Poco después es el turno de Palazzo Grazioli, cueva donde habita el Querido Líder Berlusconi; y de Montecitorio, donde sus esbirros legislan. Riccardo no quiere la reforma de ellos. No quiere más y más recortes. No quiere pagar por el dinero que se llevaron otros (incluido su presidente). Hoy Riccardo toma un poquito más las riendas de Italia. Detienen a un compañero en la manifestación. Por suerte, no ha sido él.

Lisboa - 9.00 p.m.
Después de toda una jornada de miércoles, la capital portuguesa parece un desierto. Pocos aviones han cruzado hoy el cielo, y los ferrys del Tajo aguardan silenciosos en los muelles, como perros desconcertados ante tamaño e inquietante silencio. En las oficinas públicas hoy no hay bullicio y el traqueteo habitual de la ciudad, entre coches y tranvías, se reduce a la nada. Nuestros vecinos no quieren los nuevos presupuestos que les han puesto en la mesa. Ellos también tienen socialistas de palo en el gobierno, y no admiten semejante retroceso social. A las penas, puñaladas.

Madrid - 12.00 p.m. 
La Gran Vía sigue como otro día cualquiera, llena de bullicio y gente tomando café. las colas en las oficinas de la Administración son interminables y en los pasillos los funcionarios aprovechan su descanso para comentar el partido de Champions. En las aulas universitarias, los estudiantes menos vagos toman apuntes cabizbajos y los otros quedan durmiendo en su casa, compartiendo sofá con el padre parado y la madre sufridora. Los abuelos pueblan los bancos y las obras, y el presidente del Gobierno firma nuevos ajustes para goce y solaz de nuestra economía. A las dos, el hambre azuza y todos los que aún trabajan levantan la vista del ordenador unos minutos. Los demás no tienen prisa, al fin y al cabo no hay nada que hacer. Unos viejos de gafas ahumadas, bigotillo sospechoso y olor a Varón Dandy se frotan las manos y levantan la bandera española al grito de "¡La juventud ha muerto! ¡Viva la juventud!" Entretanto, el metro se abarrota para el regreso a casa y los ministros suspiran relajados en Moncloa. Un día más, salvados.

Un fantasma recorre Europa, pero a nosotros nos ha debido de pillar cagando en el baño, como siempre.




Fotografía de Michael Hughes

lunes, 8 de noviembre de 2010

Remember, remember, the 5th of November





"Me llamo Valerie. No creo que viva mucho más  y quería contarle a alguien mi vida. Esta es la única autobiografía que voy a escribir y, ¡dios!, la estoy escribiendo en papel higiénico. Nací en Nottingham en 1985. No recuerdo mucho mi infancia, pero sí recuerdo la lluvia. Mi abuela tenía una granja en Tottlebrooke y solía decirme que dios estaba en la lluvia. Al acabar el colegio, ingresé en un colegio para chicas. Fue allí donde conocí a mi primera novia. Se llamaba Sarah. Recuerdo sus muñecas. Eran preciosas. Creía que nos amaríamos eternamente. Recuerdo que nuestro profesor nos decía que era una fase adolescente, que pasaría. A Sarah se le pasó. A mí no. En 2002, me enamore de una chica que se llamaba Christina. Aquel año se lo dije a mis padres. Fui capaz porque Christina estuvo a mi lado cogiéndome la mano. Mi padre no podía mirarme. Me dijo que me fuera y que no volviera jamás. Mi madre… no dijo nada. Solo les había dicho la verdad, ¿tan egoísta fui? Nuestra integridad vale tan poco… pero es todo cuanto realmente tenemos, es el último centímetro que nos queda de nosotros. Si salvaguardamos ese centímetro, somos libres."

Esta es la carta que la preciosa Evey Hammond encuentra en su celda en la sublime película "V de Vendetta" (y mucho mejor novela gráfica, que conste). Es la carta que le hace aferrarse a la esperanza, desprenderse de todo y perder el miedo. Perder el miedo para aferrarse a lo único importante, perder el miedo para defender, como dice Valerie, ese último centímetro de nosotros, el único que significa algo. "V de Vendetta", como tantas otras historias, viene recordarnos que somos uno, que somos personales e intransferibles. Que dentro de nosotros hay una individualidad que debe ser salvada frente a todo, porque es todo lo que tiene significado. Nosotros, que compartimos casi todo con todos e incluso con otras especies (y si me apuráis, con los átomos de las estrellas), tenemos ese punto irreductible como punto de apoyo de la palanca que mueve nuestro universo. Supone apenas nada de todo lo que hay, pero absolutamente todo de lo que somos. Valerie habla de un centímetro, pero probablemente sea menos de una micra, sea casi nada. Pero tenemos que defender ese rincón íntimo hasta el final. Hay que defenderlo hasta la muerte, si queremos vivir siendo nosotros. Y es preciso no olvidarlo.



Remember, remember the Fifth of November,
The Gunpowder Treason and Plot,
I know of no reason
Why the Gunpowder Treason
Should ever be forgot.

Imagen de Okinawa Soba

domingo, 31 de octubre de 2010

30 DE OCTUBRE


"Desperté de ser niño, nunca despiertes"


Hace 100 años, un 30 de octubre como hoy nació en Orihuela Miguel Hernández Gilabert. Era poeta. Siguió la estela de un Lorca que lo consideró una molestia más que otra cosa, y aún con todo resultó el apéndice milagroso de la mejor generación poética de la Historia de la Literatura Española. Muchos años después otros que luchaban por la libertad, cantando como él, recuperaron sus poemas. Empuñó la pluma con la misma eficiencia que el fusil, y después de la guerra sus huesos fueron a dar a una cárcel franquista en Alicante, donde la tuberculosis acabó por devorarlo. Cuando murió, no pudieron cerrarle los ojos ("los ojos abiertos para siempre hasta el infinito", le cantaba Aleixandre, siempre su hermanito mayor, unos de los pocos que supo ver en Miguel su genialidad y su fuerza.)
Ahora, el currículo escolar ha desplazado su voz a un mísero rincón, perpetuando ese ejercicio de amnesia que a España se le da tan bien. Sin embargo, el oscurantismo político, que le olvidó en la guerra igual que en democracia, puede ahogar unas rimas que conmueven hasta la última fibra.

100 años después del nacimiento de Miguel Hernández se ha muerto Marcelino Camacho. Marcelino no era poeta, y sin embargo tenía mucho que ver con todo esto. Marcelino defendió con la voz y la acción lo que Miguel defendió 60 años antes con la canción y el fusil: la diginidad y los derechos de los trabajadores, su derecho a defnederse como individuos y como fuerza. Con Marcelino se va otro trocito de lucha, esa lucha que hoy nos resulta tan indiferente, tan brumosa, tan hastiada. Con Marcelino se otro pedazo de la fuerza que desde hace tantos años sustenta a los trabajadores frágilmente contra todo lo que les rodea.

Hoy el compromiso celebra y llora a partes iguales, llevando con la voz de Miguel una llama delicada y tenue, que intenta impregnar cada momento, como una verdad de que es necesario no desfallecer nunca, señalando a Marcelino como otro brillante punto en la constelación del saber mirar más allá de uno mismo, donde estamos todos juntos.


"Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.

Teme que se levante huracanado
del blando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.

Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.

Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo."





lunes, 17 de mayo de 2010

La izquierda


El gobierno socialista encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero anuncia un recorte en el sueldo de los funcionarios del Estado. Sobre esto qué voy a decir yo que no se pueda leer en cualquier periódico o escuchar en cualquier televisor (ejercicio, por otro lado, poco recomendable este último). Lo curioso de todo esto no es que los que sufran los apuros del estado sean los trabajadores a su servicio (cosa, por otro lado, habitual ya en estas tierras); ni que donde dijeron digo, digan diego (quién se fía a estas alturas de la clase política); ni que los que tienen el Dinero (hay que escribirlo con mayúsculas para estar a la altura de sus circunstancias), una vez más, no suelten ni media. Lo curioso de todo esto es aquello de “socialista”.

A mi me enseñaron, como a cualquier licenciado de pro, que los socialistas eran unos señores, barbudos en su mayoría, que estaban un poco hasta la gónada derecha de que a los que trabajaban se les tomara por el pito del sereno. Yo pensaba (y de hecho pienso) que los socialistas creían (aunque no fuesen demasiado creyentes) que no estaba bien que otros se quedaran con el fruto del trabajo de uno. A mí me contaron que Pablo Iglesias se reunió en Casa Labra con uno cuantos tipógrafos y alguien más (incluyendo a un zapatero, qué ironía) y fundó eso del Partido Socialista Obrero Español, que el ya mencionado Zapatero encabeza. El mismo Pablo Iglesias dijo en el Parlamento (donde trabaja nuestro amigo José Luis): “Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones.”

Así, tenía yo entendido que eso de la izquierda y el socialismo era poner por encima los intereses de los trabajadores y la justicia; y que si había que dejar el poder pues se dejaba y que si la democracia no servía para hacer las cosas mejor, se arreglaba. Creo que resulta que yo me había hecho a la idea que los socialistas no eran unos señores con traje y corbata que iban en Audi y cobraban millones, que los socialistas eran uno más de los de este lado. Que ser de izquierdas era dedicarse a luchar de todas las maneras que fuese para que la riqueza no se la quedase el que no se la merecía y no a recortar de donde todos recortan cuando hay hambre. Pensé que era plantarse frente a todo y no formar un gobierno, uno de tantos, que toma las medidas que otros de tantos toman en otros tantos lugares.

En definitiva, que me contaron que eso del socialismo era otra cosa, y yo me lo había vuelto a creer.


La imagen, extraída del artículo de Jordi Serrano i Blanquer en Público.