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viernes, 4 de mayo de 2012

Rayos de piedra y rosas 29: Finale

Es una pena, pero llega mayo y con él se acaba el peregrinaje que durante el crudo invierno he hecho con vosotros a través de mi viejo y olvidado libro de sonetos. Así desaparece una pequeña espina que quedaba ahí clavada, muchas cosas se quedan atrás y con la primavera empieza, como siempre, un nuevo periodo, en el que tanto en este blog como en la vida del mundo real toca avanzar, sin mirar atrás, con la confianza de que lo que está por venir es lo mejor.

Este vigésimonoveno y último rayo de piedra y rosas es para Juan Lafuente, allí dónde esté, que sepa que su ya algo menos joven alumno le lleva en el recuerdo.

Fue un placer compartir esto con vosotros.



A Juan Lafuente



Tus dos cuencas se pierden en la muerte,
en un mar de carbón donde las venas
laten sin resonar, donde la pena
configura en silencio un dios sin suerte.

Es preciso seguir y, ¿quién es fuerte?
Levantando fortines que la arena
de los bueyes devoran y enajenan
como ajena tu sombra, inmensa, inerte…

Qué vacío constante es esta grieta
que me sabe a vinagre en esta herida
que me dejas abierta y que no cede.

Y tu ausencia, profunda e indiscreta
abandona su polvo hacia mi vida
que hace afán de seguir, pero no puede.

viernes, 27 de abril de 2012

Rayos de piedra y rosas 28: Primer amor

A todo lo que alguna vez pudo ser

I
Hambre de besos y alfileres, hambre
siento de tu cara y de pena siento
viento helado en mi pecho y en ti viento
de alambres y óxido en mi herida, ¡alambres!

Osambre es mi lamento y es osambre
lento de angustia y de tu amor es lento
aliento en ti la vida y en mí aliento
o enjambre tu susurro, asta y enjambre.

Cardo es tu recuerdo en mi alma, cardo.
Desgracia haberte amado, por desgracia
fuiste mi gloria y mi perdición fuiste.

Nardo fue tu corazón, silbador nardo
que espacia el mundo y mi dolor espacia
tan triste por amarte, amor, tan triste.


II
De la nada quisimos ser un todo
para poder ser todo y no ser nada.

Todo te di, todo a cambio de nada
y nada tú me diste en vez de un todo.

De ese todo que pasó, yo lloro todo
lo que de todo se deshizo en nada.
Nada fue, nada será, nada es nada
y de tan nada que es, la nada es todo.

De un día para otro, fuimos todo
y no quisimos ser menos que nada
porque dos para dos éramos todo.

Con todo, no pareció faltar nada
y de nada parecimos serlo todo,
todo para al final quedar en nada

viernes, 20 de abril de 2012

Rayos de piedra y rosas 27: Al niño que sueña


La pena de tus ojos es tan cierta,
sinceramente negra, que me duele
al centro de mi pecho, porque suele
morder tu corazón, naranja yerta.

La pena de tus ojos se despierta
aurora tras aurora, en ellas muelen
tus iris, por sus rocas dan, repelen
la sonrisa voraz, playa desierta.

Que tus lirios devoran otros potros
tremendos, masculinos, que la nada
se vuelve a tu pupila, hecha un manojo.

Que por dar en un corazón tras otro
tus manos como rosas van cuajadas
de pena por la pena de tus ojos.

viernes, 13 de abril de 2012

Rayos de piedra y rosas 26: Soneto del beso


A J.A.N.

Por libar, que libé, y haber libado
el amargo cerezo de tu boca
tan helado y fugaz, llevo una roca
que me hiende y me amarga este costado.

Por robar, que robé, y haber robado
aquel beso lunar, se me coloca
una bestia feroz, y se me enfoca
este rayo mortal por beso hurtado.

No recuerdo ya nada, no recuerdo…
no recuerdo si no es esta amargura
que produjo aquel salivar agravio.

No recuerdo, quizá, mas sí recuerdo
de tus labios su pena y su figura
que ahora es pena y figura de mis labios.

viernes, 6 de abril de 2012

Rayos de piedra y rosas 25: Insular


A Yonralf

Si te siento canario y peregrino,
sin alondra o león que te superen,
le doy rayo a mi pulso, que me hiere
por sentirte canario y repentino.

Por sentirte canario y repentino
hay un toro en mis ojos, y prefiere
la cornada en mi yugo, que se muere
por mugirte insular y masculino.

Insular, masculino yo te siento
o quizá no te siento y se me olvida
por haberte tenido y no tenerte.

Masculino, insular te intuye el viento
como intuyo la pena que es mi vida
por haberte querido y aún quererte.

viernes, 30 de marzo de 2012

Rayos de piedra y rosas 24: Jazmines


A Javi Rodríguez

Pistilos
helados
pintados
con hilos.

Los tilos
sagrados,
mudados
en vilo.

Tan blancos
arranco
festines.

Tus flores
…sudores…
¡Jazmines!

viernes, 23 de marzo de 2012

Rayos de piedra y rosas 23: Soneto del toro


Como el toro y su piel ensangrentada
mugen conmigo sus cuernos de pena
mi lengua de baba sobre la arena
podrida y caliente va en tu estocada.

Como hienden su cuerpo con la espada
desgarras tú mi lomo en mi serena
noche de piedra, por la plaza ajena
me anegas el hocico en tu mirada.

Destroza con tu estoque si es preciso,
como al toro, los huesos que te aman:
¡ay! mi alma de marfil viola y tritura.

Requiébrame la nuca de improviso
o azótame la piel con una rama
de toro: ¡yo sumido en tu amargura!

viernes, 16 de marzo de 2012

Rayos de piedra y rosas 22: Soneto de la eterna espera


Mis ojos son un mar, y una tormenta
callada y singular, una esperanza
secreta y pertinaz, que no se alcanza
al fiel de mi esperar, que se acrecenta.

Tu sombra vertical, por sombra exenta
se aferra a mi costado, sin templanza
desgarro mi penar, que ni te lanzas
a mí, ni llegarás, ni te me enfrentas.

Mi tiempo no halla fin, polvo sin mundo
se vierte al corazón, que en su vacío
porque guarda y te aguarda desespera.

Me eclipsa en su latir, y de rotundo
mugir que no serás, arroja un frío
puñal en su tenaz, eterna espera.

viernes, 9 de marzo de 2012

Rayos de piedra y rosas 21


Tengo carbón por sangre, que la pena
fecunda de carbones su camino
porque así o tizna o quema, y su destino
es tiznar y quemar mis amplias venas.

Retumba por mi sien con sus cadenas
de carbón, fuego y sangre, y yo termino
por hundirme en la pena y yo camino
cosechando su cardo y mi condena.

Porque no entiendo al rayo ni comprendo
a la piedra que en mí feroz socava
cada carbón un centenar de abismos.

Qué hacer de mi penar, si en él voy viendo
toro, rosa y carbón, que se me clavan
a la vena, al cabello, al dolor mismo.

sábado, 3 de marzo de 2012

Rayos de piedra y rosas 20


La pena calla, y calla porque guarda
un secreto, un clamor y una ventura
redonda en mí, morena de amargura
que al son de todo pálpito me escarda.

La pena grita, y grita porque aguarda
un cuchillo glacial, que por su anchura
la pena vierte y sufre en tu cintura
una nube final, volátil, parda.

La pena en mí ejercita su lamento
con un carbón, con una brasa grave
que solo sabe a lágrima taurina.

Al triste alrededor de tus acentos
la pena muge, muge, que se sabe
tremendamente angosta y masculina.

viernes, 24 de febrero de 2012

Rayos de piedra y rosas 19


A la piedra le escribo, sí, a la piedra
por sembrarme en el pecho rayo y rosas,
que unas crecen y el otro las acosa
y la angustia del trueno brama y medra

por el campo de roca y por las hiedras
tan mustias de su pena tan rocosa
que la rosa y el rayo en mí reposan
unas vivas y el otro por la piedra.

Piedra, callas, y callas por sembrados
que empedrados en mí feroz colocas
sobre el triste penar de mis arenas.

Rayo, ruges, y ruges obligado
por la piedra, que rosas son tan pocas,
tan pocas pero tantas son mis penas.

viernes, 17 de febrero de 2012

Rayos de piedra y rosas 18: A mi hijo


Hijo aún no has nacido y ya te siento
salir por la cadera y ya quebrarte…
¡Salir al mundo! Abrirlo parte a parte
con poderosos dientes y elementos.

Hijo aún no has llegado en tu tormento
y en tu futuro un pez y un estandarte
de escarcha sucia y hielo se comparten
tu risa con tu fe y mi descontento.

Hijo mío aún no existes, cucarachas
predican ya tu vida, infinidades
cabezas de carnero hoscas y gachas.

Su fuego arrasará en eternidades
tu cuerpo, mas no talarán sus hachas
de nieve tus tremendas libertades.

viernes, 10 de febrero de 2012

Rayos de piedra y rosas 17


Sueño en sombras y sombras me persiguen.
Si soñase en azul, otra ventura
más azul quizá, y menos oscura
que esta fuera navaja que me hostigue.

Mas sueño en sombra y no hay luz que me abrigue
del frío de la sombra y por su anchura
manadas, toro y hierros, se aventuran
en mi noche eterna y en ella me siguen.

Me siguen toros y me siguen hierros
con su mugido y fuego por mis venas
que visten de tormento una toquilla.

Me acosa un rayo y un aullar de perros,
lamentos de terror que vierten pena
sobre mis infinitas pesadillas.

viernes, 3 de febrero de 2012

Rayos de piedra y rosas 16: Soneto del tigre


Canto la pena del tigre conmigo,
con su raya en mi lomo y con su garra,
su garra que penando ya se agarra
por triste a la azucena y hacia el trigo.

Invoco sus colmillos y me hostigo
con su pena mi angustia que desgarra.
Voy enfermo en sus dientes de pizarra
y herido agosto al tigre y le persigo.

El corazón de mi tigre es de naranja
de luna y de naranja de tiniebla,
de tiniebla y de tormentosas rocas.

El corazón de mi tigre es una zanja
de pena y de manglar que inviernos puebla
mi corazón y en él tigres coloca.

viernes, 27 de enero de 2012

Rayos de piedra y rosas 15: Soneto de la gaviota


Blanca alta ala de amor y blancos cerros
de pluma libre y de ferocidad pluma,
pluma que vuela y en su rizo espumas
se enroscan romas por un mar de hierro.

Su pico en mí se aferra y yo me aferro
a la blanca libertad que se perfuma
sobre el puerto en sus ojos y entre brumas
mi amargo corazón siembro y entierro.

En ella tengo un sueño vespertino
de inmensa infinitud blanca y angosta
que en todas sus bandadas duerme ignota.

Cómo vuela, sin cadena y sin destino,
sobre una ola opresiva que le agosta
la eterna libertad de ser gaviota.

viernes, 20 de enero de 2012

Rayos de piedra y rosas 14: Luna llena


Medallón de estaño insomne, oscuro, inerte
que en el confín tiembla, la blanca roca
toda luz y ancla, toda diente y boca,
su leche de carbón al cielo vierte.

Como un ojo gris de alcatraz y muerte
soñando, navaja que en sueños toca
besos furtivos que el secreto invoca
y al rozar su rayo el labio pervierte.

Riendo en las estrellas, roma y sucia,
reflejando su círculo en tu cara
tan abultada y llena de condena.

Y esas risas de plata que le acucian
en tus ojos impávidas, tan claras…
¡no sé ya si eres tú o la luna llena!

viernes, 13 de enero de 2012

Rayos de piedra y rosas 13


Desperté de ser niño, ¡no despiertes!
A tu grito, Miguel, abrí los ojos:
qué campo gris, que tétricos rastrojos,
rastrojos por crecer, ¡qué angosta suerte!

Desperté de ser niño, ¡no despiertes!
Aún así dejé el sueño. Húmedo y rojo,
retorcido pesar, barro y manojo
de vida y sangre, de ciénaga y muerte.

La risa se quebró, triste mi boca
también está, mi sueño infante apago:
nuestra risa en la herrumbre, torvo guiño.

Y en mi lengua de sol, lunas que embrocan
vertieron un, Miguel, futuro aciago.
¡Un rayo se rompió! Ya no soy niño.

viernes, 6 de enero de 2012

Rayos de piedra y rosas 12: Primavera


A su flor de espuma blanca desemboco;
a su estambre irreductible; a su pistilo
incauto, enrevesado y clorofilo
mordisco de diamante me revoco.

Su florida figura, como pocos
extravíos de luz, y su tranquilo
permanecer en blanco, su sigilo
sangrando vidas nuevas que convoco.

Arranco el nuevo sol como el cerezo
trastroca sus ramajes en guirnaldas,
alondra y por alondras sin frontera.

Descapulla la aurora, desperezo
de su invierno esperanza, me respalda
como al cerezo, amor, la primavera.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Rayos de piedra y rosas 11: Soneto del olivo


Campo de olivar, oscura aceituna,
en torrente de ramas dolorido…
tu piel de polvo abarca un cielo hundido
que tu fruto de aceite llora en dunas.

Corteza ajada nuestra, tristes runas
sangrientas de mi corazón salido
de arenas con tu tronco retorcido:
tu savia con mi sangre ya son una.

Tu cuerpo, desbocándose a la tierra,
se alza irreductible, frío y ronco
fingiendo que no puede y que está vivo.

La vida de tu copa, sabes, yerra
podrida de olivar sobre tu tronco
torcido como yo, pena de olivo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Rayos de piedra y rosas 10: Retorno


El mar regresa al mar, como la tierra
regresa a sí, también salen tus ojos
de ti hacia mí, en mis manos los recojo
pero acaban en ti y a ti se aferran.

También el alma sale, y se me aterra
de mí por tu latir, por los despojos
de sí sube letal y a los manojos
de nardos de tus manos se destierra.

Si el barro vuelve al barro, si la espera
del polvo en polvo acaba, miro altivo
sobre el barro y el polvo a tu destino.

Nada guarda distancias ni fronteras,
de ti muero y también de ti pervivo
porque en ti empiezo, amor, y en ti termino.